054 – Pingyao. China no habría sido lo mismo sin ella

By

Llegamos sobre las 7 de la mañana. Mientras aún nos quitábamos las legañas, en la estación ya nos ofrecían alojamiento. Primero lo importante: conseguir billetes para Xi’an, para esa misma noche. Fuimos a ventanilla, diminuta comparada con la de Beijing, y como no podía ser de otra forma, estaban agotadas!!!

Una de las personas que nos ofrecía alojamiento, en perfecto inglés, nos dijo que ella quizá podía conseguir algún billete, como no había otra nos fiamos y dejamos que nos llevara a su hostal (botando en un motocarro por 10Yuanes): el Harmony Guesthouse, que ya nos sonaba de la Lonely. Nos hizo esperar un ratillo, por si así también desayunábamos en el propio hostal, pero finalmente nos consiguió dos billetes en litera dura. Aunque fueran en vagones separados y se quedara con algo de comisión (precio real: 80; precio pagado: 100; una ganga) nos salvó parte del viaje.

Una vez que teníamos asegurados los billetes y dejamos las mochilas empezamos a callejear por sus polvorientas calles entre bostezo y bostezo.

La ciudad antigua, con casi 4.000 años de historia, está rodeada por una muralla de 6Km de longitud y fue nombrada patrimonio de la UNESCO en el año 1997. Es una ciudad poco visitada por extranjeros teniendo en cuenta que está en la ruta Beijing-Xi’an (aunque sea cada vez más conocida) pero el turismo local está muy extendido.

Pingyao tuvo su principal desarrollo durante el siglo XVIII, cuando sus negocios de tejidos prosperaron y se expandieron. Esto hizo posible que la ciudad comenzara a emitir cheques, volviéndose así en un centro financiero, que traería consigo la creación del primer banco de toda China (en 1.824). Pingyao se convirtió de esta forma en el centro económico del País, llevando a la creación de más bancos en la propia ciudad. Tanta fue su importancia que daba crédito al propio emperador, circunstancia por la cual, tras el despilfarro y la caída del propio emperador, Pingyao también cayó en la ruina y fue prácticamente abandonada.

Gracias a este desarrollo y posterior abandono, se puede disfrutar de las casas tradicionales, templos, bancos y todas las características de la ciudad en un perfecto estado, como si se hubiera viajado varios cientos de años a través del tiempo.

Nada más dar dos pasos fuera del hostal dos chicas jóvenes con  un niño que iban en moto (si, tres personas, un bebé entre ellas, y ningún casco) se pararon simplemente para saludarnos y hacerse unas fotos con nosotros. Primer gesto de simpatía de la ciudad y que fue la sensación global con la que abandonaríamos Pingyao.

Pingyao es simplemente espectacular, en sus cuatro calles principales, no sabes cual de las fachadas de las casas antiguas te gusta más, aunque hoy en día convertidas en museos, restaurantes, tiendas o chiringuitos te muestran la alta cantidad de turismo que atrae la ciudad.

Con la idea de visitar todo lo posible en nuestro limitado tiempo, nos hicimos con una entrada que incluía todo (o la mayoría). Aunque su precio de 120 Yuanes nos pareció algo abusivo, también nos parecería una pena irnos de allí sin haberle sacado todo el jugo posible.

Dicho y hecho. Con nuestra entrada en el bolsillo, cual pulserita en un todo incluido, intentamos no dejarnos ningún rincón por recorrer.

Los templos para visitar son muchos, considerando el reducido tamaño de la ciudad antigua, y cada cual te sorprenderá por alguna característica en particular, ya que los hay taoístas, budistas… Sobre todo resaltar el poco agobio que notarás en cuanto a gente se refiere. Las visitas, en muchos de los templos menos visitados las podrás realizar incluso en soledad, y eso te permite una tranquilidad raramente alcanzable en China. Incluso, como en nuestro caso, podrás echarte una pequeña y placentera cabezadita a la sombra para recuperar algo de sueño (entre Coca Cola y Coca Cola).

Las casas a visitar también son innumerables. Casas que en su día eran bancos y donde brevemente te explican como funcionaba la economía hará unos cientos de años, todas ellas con sus patios interiores que dejan pasar a otras muchas dependencias del edificio.

Aparte de eso, lo más aconsejable es callejear, sobre todo por sus cuatro principales calles, ya que saliendo de ellas, las casas de los propios habitantes de la ciudad antigua desmerecen un poco. Subir a la muralla es una estupenda opción si tienes tiempo, y recorrértela parcialmente o en su totalidad te deja tener una estupenda vista sobre absolutamente toda la ciudad y sobre cada una de sus cerca de 60 torres de vigilancia.

Al anochecer todo se tranquiliza. La gente que ha estado llenando las calles desaparece, muchos porque ya han terminado su visita y se han ido, otros porque están en uno de los muchos restaurantes. Es hora de cenar algo.

Aprovechando que fuimos al hostal a recoger los billetes cenamos tranquilamente en él acompañados de una gran cerveza Tsingtao, el merecido descanso del guerrero.

Tras la cena y ya que teníamos tiempo hasta el tren volvimos sobre nuestros pasos por la calle principal, observando como cerraban cada uno de los puestos, y es que a partir de cierta hora Pingyao muere y tan solo permanecen abiertos los Youth Hostels y un par de bares para los clientes de los anteriores. Aún estando todo a la luz de algún farolillo ocasional y en el más absoluto de los silencios, Pingyao tiene algo especial. Era hora de despedirse.

Anuncios